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sábado, 4 de septiembre de 2010

Óbito

El viejo portón de madera gimió al primer empujón, tras ella encontró una escalera con peldaños de mármol, o lo que antaño pareciera mármol, que conducían hacia una profunda oscuridad situada en el sótano. Mientras bajaba por la vetusta escalera se desprendió de su gabardina color beige colocándola en su brazo semiflexionado y se ajustó su sombrero de color negro.

Al terminar la bajada se topó con el cartel del club, que con luces de neón verde (que contrastaban ridículamente con el demás decorado) mostraba su nombre; "Catarsis".

-Buenas tardes, tengo mesa reservada para dos personas, a nombre de...

Sin dejarlo terminar, el camarero pidió educadamente el sombrero y la gabardina mientras lo colocaba en un enorme perchero de metal, o algo parecido, decía:

-No sé preocupe Caballero, su acompañante le está esperando en la mesa noventa y nueve, justo al lado del piano, ¿Desea que le guíe?.

-No, no es necesario, muy amable – contestó el cliente.

Mientras se abría camino entre el humo que recargaba el local, pensó en el número de la mesa, noventa y nueve.

-¿Cuantas debe haber?- Se preguntó, él estimó que entre doce y quince, pero exactamente, estaban simétricamente coladas catorce mesas.

Después de unos segundos que parecieron horas, llegó a su destino, allí encontró una mesa de madera rasgada sencillamente presentada, con un cenicero lleno de colillas y por supuesto el inseparable bolso de su acompañante. Levantó la vista del tablero y la contempló, no era la primera vez que la veía, pero sí sería la ultima.

Ella iba vestida con su más que característico vestido rojo, y por supuesto, su pintalabios a juego, tándem que tantos quebraderos de cabeza había dado a nuestro hombre.

Apartó la silla y se sentó con falsa seguridad.

-Llegas tarde, estas perdiendo las pocas buenas costumbres que te quedan- dijo ella con una sonrisa pícara.

-Por tu culpa, hace meses que no tengo ni costumbres, dijo mientras sacaba el último cigarro liado a mano de su pitillera de metálica.

-¿Has vuelto a fumar?, si que te ha afectado lo nuestro

-¿Afectar?, no estoy así por lo nuestro, era una historia muerta, por desgracia, me afecta lo tuyo con otras personas.

-Bueno, siempre fuiste muy celoso, y yo....yo muy linda- espetó orgullosa

El torció su boca y encendió su cigarro con un encendedor que imitaba dos cartas de la baraja francesa; el dos de corazones y el siete de picas.

-No te he traído aquí para discutir de nuevo, simplemente quería decirte adiós, esto ni puede, ni debe seguir así- y golpeó sus pulmones con la primera calada.

-He escuchado ésto todos los Lunes de los últimos seis meses, ¿Por que ahora iba a ser distinto?.

-Simplemente ya estoy harto, necesito vivir mi vida, no la que tuve a tu lado, te quiero, es indudable, pero a la vez siento un profundo e irracional odio hacia a ti, y créeme, alejarme de tu cama y tiempo es lo único que necesito para volver a ser yo, además, hoy es Sábado.

La cara de la joven se torno triste de un momento a otro- ¿Qué propones?.

-Qué leas ésto en cuanto salga de aquí, simplemente léelo.

-¿Es una carta de despedida?.

-No te mereces que me despida de ti, -volvió a fumar- esta vez con mayor intensidad- es lo que será tu vida de aquí a adelante.

-Si no fueras tan misterioso te hubiera dejado ir hace tiempo, tú mismo te buscas ésto- intento bromear ella.

Él por primera vez levantó la vista y miró los ojos verdes de la mujer.

-Bueno, no pretendía ofenderte, pero no he traído nada para ti, y si tu sabes como será mi vida ¿Cómo será la tuya?.

Apuró su cigarro hasta el filtro, y sacó de su bolsillo dos dados que lanzó inmediatamente contra la agrietada mesa. Los dados saltaron de una parte a otra del tablero, quedando casi en las manos de la mujer, posadas sobre la madera.

Ella miró los dados y dijo riendo: -Doble uno,... veo que te ira bien lejos de mi...-

-Podría ser mucho peor créeme- Y apagó el cigarro de un golpe seco.

La mujer observó como él se perdía paulatinamente hacia la puerta apenas visible por el humo, no podía evitarse sentirse libre pero conjuntamente apenada. Entre pensamientos de lamento y de buenos propósitos recordó el sobre que había recibido minutos atrás. Abrió el sobre concienzudamente cerrado y sin ningún tipo de mácula. Dentro, guardaba una hoja blanca de pequeño tamaño, la sacó con sumo cuidado, como si pudiera desintegrarse entre sus manos y la abrió tan despacio que parecía pesar varias toneladas.

La pequeña hoja tenía un garabato escrito con una fina pluma; "Escribe aquí lo que será tu vida"

martes, 24 de agosto de 2010

Sin título

¿Hay algo más triste que querer escribir y no poder?, sólo necesito quitarme la presión del pecho, pero ni mis dedos se deslizan por el teclado ni mi cabeza me marca las letras a pulsar, y todo esto sólo es la punta del iceberg de mi vida, ¿qué hacer? ¿por que optar?. Lo que antes indudablemente era negativo ahora lo añoro, y lo que necesitaba antaño no es más que una diversión pueril. El estío termina y el ajetreo con él, y ¿qué más?, no lo sé, pero ojalá volviera el invierno, no como estación, como representación de una vida pasada, cualquier invierno anterior, no los que me esperan, sin nada que reactive esta vida en stand by.

miércoles, 14 de abril de 2010

Tú conoces la 1:11

Mirando al cielo gris me encuentro, no deseo más que tras un parpadeo el color del mismo cambie, las nubes tengan otra forma y el viento que me despeina viaje en otra dirección. Un cambio, añoro un cambio, despertar lejos de aquí, dónde los fantasmas pasados me atormentan luchando por entrar en mi vida a codazos con mi presente. Cuan difícil es decidir, más aun con la extraña dicotomía razón y corazón, sé que no me equivoqué y que no volverá a ocurrir, pero mi vida está lastrada por el ancla del recuerdo. Buscaré mi felicidad allí dónde está el mar, que la marea se lleve mi memoria y purifique mi espíritu, me perderé por callejones para encontrarme, bordearé la locura para volver a ser cuerdo y arrinconaré mi vida pasada para poder recordarla. Y es que no hay mayor defecto que la apatía cotidiana.

sábado, 10 de abril de 2010

Eros y Tánatos

Eros


Las campanas marcaron las dos de la madrugada, era la sexta noche en la que el joven se debatía entre la vida y la muerte. Había enfermado por una extraña fiebre, según los médicos la había contraído por medio de algún pequeño roedor, que le provocaba además de la subida de temperatura corporal, vómitos ,dolores agudos en abdomen y pecho y en varias ocasiones delirios y pérdidas de consciencia. Perdió no pocos kilos en los días en los que se encontraba convaleciente, hecho que su familia y sobre todo su criada, que se ocupaba de atender las necesidades del enfermo (así como de determinadas tareas de la casa), vieran cada vez más cerca el pronostico del doctor; su muerte.


La criada tendría alrededor de unos veintidós años, emigró en su niñez desde el este acompañando a sus padres, que partían de su patria en busca de una nueva oportunidad. Encontró trabajo gracias a la dueña de la casa que le contrató en un principio como un favor personal al relojero del pueblo, que mantenía una profunda amistad con su el padre de la joven, pero pronto se vio deslumbrada por la bondad y el buen hacer de la chica. En la ciudad era conocida como “La virgen de la mansión”, si bien su nombre verdadero no tenia nada que ver, su tez virginal, sus cabellos dorados y sus ojos verdes y grandes, hicieron que fuera merecedora de este sobrenombre (por pocos era conocida su facilidad para ocultar a sus amantes), sin obviar la difícil pronunciación del mismo y el problema que esto causaba a los bebedores más madrugadores.

Dado que las campanas acababan de resonar, decidió hacer su visita nocturna al enfermo. Mientras este mantenía la salud, no habían mantenido demasiado contacto, siempre confraternizó mas con las féminas de la familia, como sabiamente aconsejaba su madre, pero aun así guardaban una relación de respeto y cariño. Por ello, no podía evitar sentir una gran pesadumbre por el repentino cambio en la salud del muchacho.


Subió las escaleras sin hacer el menor ruido para no despertar a los señores, la estancia del joven se encontraba en el ala oeste de la mansión, El trayecto le ocupó a la joven rubia cerca de dos minutos de reloj. Al llegar a la puerta se apoyó sobre el muro y lanzo un leve suspiro mientras maldecía al doctor y a su idea de alejar al enfermo de los demás para evitar posibles contagios.

Empujó con suavidad la pesada puerta del dormitorio, que contestó con un pequeño crujido, y atisbó en la oscuridad la silueta del muchacho. Encendió el candil para comprobar que todo estaba en orden, pero no encontró lo que esperaba; el joven yacía pálido sobre su lecho, sus ojos estaban entreabiertos y mostraban un gran cansancio, la expresión de su cara denotaba dolor. La joven no consiguió en un principio apreciar si estaba vivo o muerto, pero un pequeño movimiento en la caja trafica le mostró que seguía respirando. Se acerco a él, le limpio el sudor de su frente y le colocó un paño previamente humedecido, al colocarlo se percato de que la frente desprendió un gran calor. Temió lo peor y decidió marcharse lo antes posible para no presenciar más la terrible estampa, pero al abrir la puerta en su salida, el enfermo emitió unos apesadumbrados sonidos. Ella se heló de golpe e intento dar sentido a los parcos sonidos que salían por su boca, solo entendió las finales; “cierra los ojos”.


Asustada se cobijó en su cama y no concilió el sueño hasta pasadas varias horas. Despertó recién entrada la mañana, las campanas de la Iglesia doblaban a muerto y los llantos de su señora gobernaban el piso bajo de la mansión.


Tánatos


El tañido de las campanas lo aturdieron, ya no recordaba cuantos días habían pasado desde que se sintió indispuesto en la taberna y volvió a su casa entre mareos.


Noches, o lo que él creyó como noche, después le pareció escuchar a los médicos como anunciaban a sus familiares su próxima defunción, pero aun albergaba una gran esperanza en recuperarse y retomar su vida; esas tardes de paseo por la Avenida Mayor intercambiando miradas con las jóvenes locales, sus noches en la taberna rodeado de lenguas viperinas y sobretodo, los roces aparentemente azarosos con su joven y hermosa criada.


Un profundo pinchazo en el pecho lo desvió de su ensoñación, se retorció o mejor dicho, lo intentó pero apenas tenía control sobre su cuerpo. Los colores y las formas se difuminaron ante sus ojos, creando una espiral en movimiento perpetuo. Contempló los giros durante unos segundos o una eternidad hasta que algo rompió el anodino fondo; se vio a sí mismo antes de enfermar, vestía de púrpura y su rostro mostraba seguridad y serenidad.


-¿Cómo te encuentras?- Dijo la figura de fondo.

-¿Pero...?, ¿Hablas?- Chilló el enfermo de forma desgarradora.

-Tranquilízate, no voy a hacerte daño, ni siquiera puedo, yo soy tú, estoy dentro de tu cabeza, solo soy algo inventado.

-¿Qué quieres decir?- contestó de forma más pausada.

-Mmmm, me consideraba más inteligente -pronunció la figura mientras inclinaba la cabeza- ¿No te resulto familiar?, somos nosotros, siempre he estado contigo, ¿no me recuerdas?.

-Eres una alucinación, es más, tienes mi apariencia, debe haberme subido la fiebre, nada más.

-Ay, querido, que rápido olvidas todo lo que hemos pasado juntos, yo aun recuerdo el día en el que nacimos, nuestro primer beso con la hija del maestro, las carreras por la hierba, las tardes soleadas leyendo cualquier obra de nuestro adorado Hesse, y ¡cómo no!, la otra noche en la taberna, la que hace que nos reencontremos

-¿Como conoces todo ésto? ¿Reencontrarnos?- titubeó el convaleciente.

-¡Pero bueno!, aun sigues sin percatarte, yo lo sé todo de ti, lo sé todo de mí, desde que existes existo, en cada decisión, en cada pensamiento, todo lo que tú eres lo fuiste y lo eres por mí. Sólo he venido para guiarte y llevarte, ahora te tocará a ti ser yo.

-¿Para llevarme? Oh, Dios, ¡eres la muerte, voy a morir!.

-Yo no soy la muerte , aunque exista quién me llama así, ¿no ves que bien luzco el púrpura?, no llevo túnica y nunca he portado una guadaña, ja ja ja – Rió a carcajadas.

- ¿Entonces quién eres?, ¿Qué quieres de mí? - Balbuceó el joven entre lloros.

- Sólo busco alumbrarte, necesito que confíes en mí y cierres los ojos. Créeme, soy tu mayor certeza, lo único que te acompaña desde que nuestra existencia se hizo acto, quién siempre está y estuvo contigo. Mira, es como los giros de esta espiral, siempre continuos, uno introduce a otro. Llámame muerte si quieres, aunque sería igual de correcto nombrarme vida. Preguntarte quién soy es complicar este momento, simplemente admite que soy.


Un grave silencio inundó la negrura del ficticio espacio, que paulatinamente se había generado en el lugar que hacia unos segundos ocupaba la espiral.
Pasaron varios minutos hasta que el joven contestó.
-Irracionalmente confió en ti, seas quien seas ha llegado mi momento de partir, haré lo que me digas, pero antes de nada necesito que me cuente qué o quién eres, o al menos como es la forma correcta de nombrarte, quizá así conozca mas de tu naturaleza y de lo que me espera.

- Aunque digas irracional, por fin entras en razón querido. Por ello te premiaré y contestaré a tu pregunta; yo soy el alfa y el omega. Cierra los ojos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Calles


Sigo sin comprender como hace este frío en esta época del año, normalmente estaríamos en camiseta, sólo se me ocurre a mí salir a pasear con este tiempo, pero bueno, aceleraré y llegaré rápido a casa, también es cierto que necesitaba huir de la cama, tengo una buena excusa, este viento es lo de menos, pero, joder, estoy congelado.

Me tomó las cosas demasiado en serio, sí, definitivamente este es mi problema, tampoco es para tanto, tú y yo, sólo te olvidaste el pintalabios, bueno, en una boca que no era la mía, bien pensado se veía venir, pero Dios, no entiendo por qué me pongo así, siempre terminó creándome ilusiones de la mas minúscula cosa, el problema soy yo, no cómo me tomó las cosas, ahora era....a la izquierda, o recto..., total tampoco tienen mucha pérdida estas calles, es lo bueno de los pueblos, pero joder serás... tú si que no tienes nada bueno.

Es un tanto siniestra esta calle, aquí vivía...no,no,no era en la paralela, las cinco, debería llevar dormido horas, mañana va a ser un desastre, desastre, joder otra vez tú, pero si apenas nos conocíamos, no sé pero, igual no se veía venir y estábamos bien, pero ¿estábamos?, no no estábamos, entonces no has hecho nada reprochable, quizá no sea lo que tú haces sino mi orgullo lo que me duele, o ambas, pero no es nada reprochable, aunque ya te vale, esas cosas se cuentan, hubiera sido bastante más fácil hablarlo y no veros, sinvergüenza me miraste y te reíste, si, te separaste de él rápido, debo entender que te arrepentiste o ¿sólo fue un atisbo de humanidad?, nada, sea lo que sea en cuanto salí ya me contaron que volviste a hacerlo, deberías al menos haberte escondido, yo antes, lo hacía así, para una vez que intento comportarme bien, me pasa por imbécil, uh, cuantas estrellas, ¿y la luna? ah, detrás mía, y mañana ¿qué?, menuda historia, tendré que hacer como me da igual, que remedio, tú pasas de mí, el gilipollas soy yo, que me creó todo lo que me dicen y encima tú lo decías mejor que cualquier otra, que cabrona, cómo me la has liado, encima era un puto enano... ¿ahora?... por aquí, que llegó antes.

Pues nada, que sea lo que tenga que ser, yo no te diré ninguna cosa, tantas horas para no decidir nada, no me apetece pasar un mal rato, tengo que intentar no verla, por lo menos un tiempo, no puedo tocar fondo por una cualquiera, pero, ¡qué cualquiera!, ¡qué ojos más verdes!, a ver las llaves, ¡anda!, mi coche a oscuras parece más bonito, aquí, luz del móvil para la cerradura, que no veo nada, y venga a pensar a la cama, que se está más calentito.

martes, 16 de febrero de 2010

"Amoris vulnus idem sanat qui facit"

La fría hoja se posaba sobre su cuello, era consciente de que el mínimo intento por escapar le costaría la vida. El reloj había recorrido lentamente un cuarto de circunferencia desde que sus captores se introdujeron en su casa a las afueras de la ciudad, en un primer momento le había parecido que se comunicaban en un idioma desconocido, pero poco después utilizaron un perfecto francés lo que le desconcertó notoriamente, pero aun así, en este momento lo que menos le preocupaba era la nacionalidad de sus verdugos.

Decidió abrir los ojos, su vista se nublaba por segundos, el dolor y el miedo le hacían casi imposible percibir ninguna forma ni color, por lo que se concentró y miró en derredor; pudo distinguir a su esposa amordaza sobre la enorme mesa de caoba negra que presidía de forma majestuosa su anterior comedor, convertido ahora en improvisada sala de torturas. La sangre seca teñía de un tono magenta el rostro blanquecino de su mujer, sus extremidades se presentaban prácticamente rígidas y su pecho se expandía y contraía a una velocidad cuanto menos preocupantes.

Con dicha visión pareció recuperar la lucidez, buscó con la mirada agitada a su hijo, le hubiera gustado girar el cuello para poder recorrer de una forma mas rápida la sala, pero sentía pánico por el cuchillo que le aprisionaba.


  • "¿Dónde está mi hijo?"- balbuceó de forma casi pueril.

  • "Danos lo que queremos y lo recibirás, de lo contrario ya sabes lo que le pasará."


Está mintiendo, se dijo para sí, o al menos eso quería creer. No podía dárselo, conocía las consecuencias que sufriría el y su familia en el supuesto, por lo que armó de valor e intento salvar a su familia.


  • "Deja en libertad a todos y lo tendrás- dijo en tono autoritario"

  • "Jajaja, ¿te crees que puedes engañarnos?, llevamos espiándote años, tu familia no te importa nada, sabemos lo que ocurrió con tu hijo, y respecto a la mujerzuela de la mesa, sabes el tipo de locales que frecuentas"


Su gesto se estremeció, realmente, llevaban razón, hasta ese mismo momento no había sentido un aprecio tan irracional por su familia. El matrimonio con su mujer se sustentaba por la millonaria cláusula que ambos firmaron en caso de separación y ambos de puertas hacia dentro llevaban una vida totalmente independiente, y respecto a su hijo, sí, era su hijo, pero no tal y como el quiso que fuera, se había negado a seguir sus pasos y poseía un carácter cada vez mas díscolo.

Debía encontrar alguna solución, él era el único que conocía donde lo ocultaba, además si intentaban forzar la caja, las alarmas de la jefatura de policía saltarían de inmediato. Ellos sólo estaban allí por él, su familia era un mero daño colateral que utilizaban para presionarle, estaba seguro de que no matarían a nadie si el no podía darles lo que buscaban, era demasiado arriesgado.

Por un momento, recordó sus momentos felices con su mujer, revivió el nacimiento de su hijo y lo más grato que los tres habían vivido, se armó de valor y se apretó sobre la hoja afilada, antes de perder la conciencia notó como la sangre le caía por el pecho. Esa última sensación de calor venía acompañada de la mayor satisfacción que jamás podía haber imaginado sentir.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Crítica a la felicidad

Antes de invitarte a leer esta entrada, me gustaría realizarte una pequeña cuestión; ¿eres feliz?, de contestar negativamente, te pido que dejes atrás cualquier tipo de prejuicio y te adentres en el texto.

Muchos se afanan de querer ser felices por encima de otros bienes, ya sea monetarios, familiares o de la más diversa índole, pero realmente, ¿Son los virtuosos de la edad contemporánea? o ¿Son los nuevos necios?.

Sin duda alguna son necios en potencia y en acto, la felicidad es el falso Dios de nuestros tiempos. La dicha tanto en su origen, como en su forma y su finalidad, esta construida o mejor dicho “creada” en unas bases de la más dudosa fiabilidad.

Ha sido objeto de filosofías de todo tipo (tantos pensadores nóveles, como grandes hombres la han tratado), pero ninguna ha podido concluir una forma de alcanzarla; ya sea mediante la meditación, el conocimiento, la vida mística o sobre la entrega del individuo a los placeres más mundanos. Quizá en lo único en que todos los pensadores, religiosos o paganos, han coincidido es en que la felicidad se debe alcanzar mediante un esfuerzo (para unos titánico, para otros colosal), es decir, no disponemos de ella.

En sí, estaremos de acuerdo, que el concepto de felicidad implica un bienestar en la vida del individuo, (de lo contrario su azarosa búsqueda carece de sentido y por lo tanto el término felicidad pierde su fuerza), pero tú querido lector, como ser racional que eres (voy a darte el beneplácito de la duda), sabes tan bien como yo, que la búsqueda cotidiana de la felicidad es la principal causa de su contrario.

Fundamentar una vida en la eterna búsqueda, parece ser lo más extendido entre los individuos que nos rodean. Aquél que no se ciñe a la tendencia común resulta ser a sus ojos un desviado o un loco, quién entiende que la vida es un simple medio, un nexo entre dos puntos, en la que no existe ningún cometido. ni vamos a ser elegidos ni tocados por ningún Titán omnipotente es tachado de loco o lo que los que gusto de denominar “adeptos de la orden la dicha” llaman infeliz.

Pues entonces si, si por saber delimitar mis pretensiones, conocer que no soy mas que un ser minúsculo y ceñirme a mis humanas posibilidades soy un “infeliz”, soy un afortunado infeliz.

Una vez presentado el tema, trataré el que es el único camino, llamémosle accesible. Esta senda no es teleológica, si esperas encontrar respuestas a tus dudas existenciales, no las vas a encontrar, ni por supuesto una guía para alcanzar la felicidad. (el grado de vida humana está ligado al significado de “vida”, y la vida querido lector implica infelicidad. Podemos inventar un concepto etéreo y efímero para cualquier tipo de acción o virtud, no olvidemos que la vida es acción y progreso, pero como concepto inventado, no es real).

Por lo tanto, la realidad humana se ve reducida al mero fluctuar entre vivencias y actos, lo comúnmente denominado pasado y el presente. Sólo queda en la vida seguir la corriente, dejarse llevar por los infortunios y en menor medida por las alegrías (si bien, el azar hace a los ojos envidiosos que algunos individuos parezcan elegidos) y aceptar que sólo somos dueños de nuestro destino o vida en una nimia proporción.

Ahora bien, posiblemente al leer todo esto, me estés tachando de loco y defiendas que tú has sentido o sientes esa quimera llamada “felicidad”. Yo frente a esto sólo te propongo un ejercicio de reflexión y te añado un par de conceptos “utilidad” y “materia”. Es innegable, que en contadas ocasiones somos capaces de sentir una satisfacción irracional, pero no es más que una felicidad material (en ningún momento reniego de la capacidad humana para sentir un dicha temporal, pero sí ataco frontalmente la felicidad como modo de vida basada en la búsqueda y la superación que deriva en la frustración), entiéndase material no en el sentido capitalista que ha contaminado el término hasta reducirlo a un ámbito pecuniario, si no en su concepto puro que señala materia y finalidad.

Existen ejemplos que clarifican este concepto pero en los cuales no me dentendré por motivos de extensión (además, te recuerdo que esto trata de un ejercicio de reflexión, no de descubrimiento); un ascenso o una preparación académica, implica a priori una mejor remuneración, por lo tanto un fin material. Incluso en el ámbito familiar se recurre a una finalidad, el para muchos dichoso momento de tener descendencia, no se debe a otra cosa que a una utilidad vital, la de reforzar nuestra vejez mediante la juventud de la propia estirpe. Ahora tú mismo continua, recuerda las veces que con mayor intensidad has sentido eso que llamas “felicidad” y aplica los términos utilidad y material, quizá te sorprenda el resultado.

La felicidad, tal y como hasta hoy la conocías realmente no es otra cosa que la supresión tempral de la infelicidad, o los momentos apacibles que hay entre un hecho negativo y su siguiente teniendo en cuenta sus repercusiones.

Llegado a este punto, en el que creo que cuanto menos la felicidad se ve acorralada, ¿Qué hacer? ¿Como afrontar la vida?, las propias preguntas son el propio mal. No existe nada en el ser humano más obvio que su naturaleza nimia, ligada al fluctuar, es más que pretencioso pensar que un ser tan minúsculo tenga potestad para controlar todos los factores externos que le acechan, por lo que enfrentarse a ello no puede provocar otra cosa que un profundo fracaso. Frente a esto solo queda huir, pero como dije antes la vida implica desdicha, por lo que es una huida condenada al naufragio. Hasta en el más absoluta cobardía que es la retirada, el ser humano no consigue triunfar.

Para terminar, sólo te introduciré un nuevo concepto que no merece ningún tipo de explicación, ya que si has llegado hasta esta parte del escrito, te resultara más que familiar; “soportar”.

martes, 9 de febrero de 2010

Yo

Yo,

en ocasiones eterna duda,

refugio de la soledad,

retiro del abandono,

risa del necio,

esclavo del terror

o hijo predilecto de la desdicha,

pero desgraciadamente,

siempre yo

sábado, 30 de enero de 2010

Nocturnidad

La claridad hacía ya horas que había claudicado frente a la oscuridad, una fuerte lluvia daba fe de su victoria, era el único sonido que se escuchaba en toda la ciudad salvo en la plaza y en la avenida principal donde doblaban las campanas de la eterna catedral. La avenida repleta de luces hace horas encendidas, contrastaba con la sobriedad de la plaza, que contaba con la única luz de unos tenues faroles.

La ciudad se presentaba desierta, oscura y tenebrosa, era el momento en el que se mostraba en su forma natural, como en un teatro en el que nos encontrarnos adquiriendo veneno en Verona y en la siguiente función en la Sevilla del siglo XVI seduciendo mujeres , la ciudad tenia la capacidad de cambiar de forma de una manera mágica y siniestra. Las calles bulliciosas llenas de tiendas y jolgorio, habían dado paso en cuestión de horas a moradas de borrachos y delincuentes que exhalaban sus últimos suspiros de vida, individuos que habían sido engullidos por el monstruo urbano, convirtiéndose en muertos vivientes.

Y sí, ésta es su ciudad, a la que odiaba y de la renegaba, pero con la que tantas similitudes guardaba.

Sobre su lecho yacía ya nuestro hombre, no le agradaba llegar tarde a su cita diaria consigo mismo, por lo que en muchas ocasiones él se encargaba de adelantarla e incluso alargarla. La luz de la luna que entraba por la ventana de su desaliñado cuarto, iluminaba su cuerpo que reposaba inerte sobre las blancas sábanas, su cabeza se hundía sobre la almohada, su tez blanca como la nada era un espejo de su alma; un alma vencida que perdió su vida en el camino hace lustros, sus ojos azules como el mismo mar reflejaban tristeza e impotencia, tantas cosas superó en el pasado, tantas veces resurgió de sus cenizas que se creyó casi invencible, pero ya no, ese tiempo pasó, ahora era ese joven débil que siempre sintió dentro de él, pero que nunca creyó que le dominará por completo, en muchas ocasiones sintió el desánimo, pero siempre consiguió salir adelante con y sin ayuda. Su antiguo yo, el imponente ahora no era más que un mero juguete en las manos de un yo distinto, temeroso y sin capacidad de hasta tomar las más banales decisiones. La muerta sonrisa que esbozaba sus labios no era menos expresiva, se vislumbraba la frialdad del que depositó en Dios sus últimas esperanzas, pero hasta el ser supremo se burló de él, dejándola sólo, sólo como nunca había estado. Era el ser que perdió toda su felicidad antaño, pero no se consideraba infeliz, simplemente añoraba la dicha pasada y que él bien sabía que no volvería a sentir.

En estas circunstancias, pese a su relativa juventud, sólo le quedaba esperar a la muerte, se dice que al amor no entiende de edad, pero el dolor lo hace mucho menos. En sus monólogos internos, bañados por la oscuridad, tantas veces había anhelado el final como lo había temido, tan inexplorado era el mundo de los muertos que no podía aseverar que allí estaría mejor, pero sin duda, no podría ser peor.

Esperar, hasta en eso su yo cobarde vencía, en otros tiempos sufriendo tales males hubiera tomado otra postura frente a la muerte, él la habría buscado y encontrado, y ella sólo tendría que esperarlo y recibirlo con los brazos abiertos, como el padre que reencuentra sus vástagos perdidos, pero ahora no, ya tenía valor ni potestad sobre su propia vida.

Con el paso de las horas, la luz comenzó a adentrarse su habitación, gobernada por una mesa caótica, inundada por una aglomeración de manuscritos doblados y rotos que relataban hasta el último pensamiento de este atormentado ser. La estancia ahora radiante le terminó por despertar, había vencido a sus fantasmas una noche más, pero tampoco le tranquilizaba, le quedaban aun miles de batallas por luchar y que él sin ninguna duda, no podría ganar.

Sacó fuerzas de su interior y se incorporó, debía volver a su vida diurna, a representar un papel, “no ocurre nada”, se decía a si mismo, pero salió de la habitación lo más rápido que pudo.

Al cerrar la puerta tras de sí, una gesto extraño se apoderó de su cara, y sus labios susurraron: “Un día más, un día menos”


“Ríe mientras puedas,
que el bufón que hoy te divierte
mañana será tu verdugo”

Salto al vacío

Caminar, andar y volver a caminar, largos senderos que zigzaguean entre recuerdos y olvidos. Por mucho que levantes la vista el sol te ciega, no puedes ver más que la tierra sobre la que te eriges y la estela de polvo que perdurará a tu periplo. Frenas, retrocedes con la mirada y piensas si tú elección fue acertada, no puedes volver, queda ya lejos, por lo que te resignas y persistes. No fue aquella tu única disyuntiva, la estrechez del camino aumenta con tus pasos y da lugar a un salto al vacío; abandonarse al abandono o saltar, debes elegir.

miércoles, 6 de enero de 2010

El espejo

Como la tormenta que se avecina en el horizonte, devastadora en sí pero lejana en el espacio.
El tiempo, fiero protector del progreso, marca la senda del mismo, del que todo lo cambia, lo transforma y en su fin último lo aniquila.
Todo lo muestra el reflejo, las fuerzas pérdidas, la mirada cansada, la sonrisa torcida, el amor descuidado, el gesto depuesto. Nada escapa a la visión de nosotros mismos, a la imagen de la vida pasada y desaprovechada, el espejo recupera los fantasmas de antaño y los resucita, si cabe, con más fuerza, capaces de atormentar una vida nueva, cada vez, con mayor potestdad.
Cierra los ojos, intenta escapar, pero tu vida te sigue, ya se ha reproducido tu presente y deshauciado tu futuro. Vuelve a abrir los ojos, a enfrentarte a ti mismo, pero , no hay vuelta a atrás, sólo se aprecia lo que fuiste, comienza a llover, todo terminó.

Todo está dentro de ti.